Tanto si es la primera vez que vas a utilizar tu sistema, como si lo vas a reutilizar después de un cultivo terminado, te recomendamos seguir el procedimiento correcto para evitar arrastrar patógenos al próximo ciclo.
1. Retiro de restos vegetales
-
Eliminá todas las raíces, hojas y tallos del sistema.
-
Desarmá las canastas y esponjas para revisar que no queden residuos orgánicos.
-
Si usás goma eva o esponjas reutilizables, lavalas con agua caliente y enjuagá bien.
2. Lavado inicial
-
Enjuagá el sistema con agua limpia para remover restos visibles.
-
Podés usar una mezcla de agua + detergente neutro para eliminar biofilm o residuos grasos.
-
Enjuagá nuevamente con abundante agua.
3. Desinfección
-
Prepará una solución de agua oxigenada (H₂O₂ al 3%) o hipoclorito de sodio (lejía diluida al 10%).
-
Llená el sistema con esta solución y dejala actuar entre 15 y 30 minutos.
-
Cepillá suavemente las superficies internas y las canastas.
-
Enjuagá muy bien con agua limpia para eliminar cualquier resto químico.
4. Limpieza de accesorios
-
Aireadores, mangueras y piedras difusoras deben sumergirse en la misma solución desinfectante.
-
Revisá que no haya obstrucciones ni acumulación de sales.
-
Si las piedras están muy saturadas, conviene reemplazarlas.
5. Revisión final
-
Secá todo el sistema o dejalo ventilar naturalmente.
-
Antes de iniciar el nuevo cultivo, llená con agua limpia y medí pH (5.8–6.2) y EC (0–50 ppm) para confirmar que no queden residuos.
💡 Tip H420: Entre ciclos, aprovechá para calibrar medidores de pH y EC, revisar bombas y renovar filtros de aire. Un sistema limpio garantiza raíces blancas y crecimiento vigoroso desde el primer día.
